¿Cuántas herramientas digitales debe conocer un docente? Esta es una pregunta que escucho muy a menudo en cursos, talleres o webinars relacionados a innovación educativa; además de ser testigo de cuán preocupados están los docentes por conocer más aplicaciones para desarrollar actividades cada vez más específicas como: elaborar líneas de tiempo, aplicar exámenes en línea, realizar foros, elaborar mapas conceptuales o mentales, organizar información de forma gráfica, realizar presentaciones interactivas, elaborar mapas interactivos, etc. Conforme van conociendo más aplicaciones, parece ser que los maestros se sienten más seguros usando tecnología digital para sus sesiones, y muchos líderes educativos los animan y les transmiten que ese es el camino correcto para mejorar sus sesiones a distancia.
Discutir sobre este tema seguro da para largo porque, si bien es cierto saber más siempre es positivo, hay varios factores que se obvian cuando este saber más se convierte en el objetivo principal de desarrollo profesional docente. Cuando hablamos de tecnología digital es importante considerar cuáles son los objetivos de aprendizaje de los estudiantes, cuáles son las competencias digitales que ellos y sus maestros deben desarrollar, cuál es el nivel de integración de tecnología a la praxis docente que van logrando, cuál es el efecto del uso de la tecnología en sus sesiones, qué tanto la tecnología digital favorece al aprendizaje, qué metodologías o estrategias se favorecen más del uso de la tecnología, etc.
En esta breve publicación no trato de proponer una solución a un problema tan complejo, pero al menos puedo hacer un par de sugerencias para las personas que toman las decisiones en las instituciones educativas y para los maestros.
La primera: planificar la integración tecnológica a largo plazo. Más que integrar tecnología a la práctica docente, debemos pensar en la transformación digital de las instituciones educativas. No basta con que los docentes sepan usar más aplicaciones, es importante pensar en todos los miembros de la comunidad educativa si queremos implementar soluciones que perduren en el tiempo. Por ejemplo: un proceso muy importante, transversal a toda la comunidad educativa, es la gestión de la información; si ese proceso no se planifica correctamente, se corre el riesgo de que la información sensible salga de la organización, se pierda, o esté en diferentes formatos, lo que obstaculiza la agilidad del trabajo en equipo o los proyectos. Ahora que una gran cantidad de instituciones trabaja con Google o Microsoft online, la situación se ha agravado aún más en este aspecto (no se comprende qué implica trabajar en «la nube»); y así como este proceso se ve afectado, muchos otros también, como la gestión de la comunicación, por mencionar otro con alto nivel de importancia.
La segunda: no se trata de saber usar más aplicaciones, sino de ser creativos. Está claro que el diseño de una sesión es lo más importante para lograr mejores resultados en las enseñanza presencial o remota, y que dentro de dicho diseño, empático, las actividades de aprendizaje que planifiquemos asumen el rol protagónico. Es justo para estas últimas que elegimos herramientas digitales, cuando consideramos ayudarán a que los estudiantes se motiven, indaguen, comprendan, elaboren, evalúen su trabajo, sean creativos, trabajen en equipo, desarrollen su pensamiento crítico, creen, etc. Esta selección de herramientas digitales es justo el problema central: la gran mayoría de maestros y líderes educativos consideran que es imprescindible saber usar más aplicaciones para poder tener más de dónde elegir; el problema es que cuando eso pasa, los estudiantes tienen que hacer frente a un sinnúmero de entornos y funcionalidades diversas. Por ejemplo: si un estudiantes está inscrito en 10 materias, y cada maestro decide usar 5 aplicaciones diferentes, el alumno tendrá que interactuar con 50 aplicaciones en ese periodo. Una locura absoluta por donde se le mire; y es algo que está pasando. Con decisiones de ese tipo, los estudiantes se concentran más en la tecnología que en los objetivos de aprendizaje, más aún en circunstancias como las actuales, donde nos vemos obligados a crear y exigir productos digitales.
Este post está tomado del blog de Alberto Grados Mitteenn, CEO de Edtech Latam y fue publicado en mayo de 2021. Aquí les traemos un extracto de lo más resaltante de este interseante artículo que directores y líderes educativos deben tener en cuenta al momento de integrar tecnología digital en sus instituciones.
Lee el post completo en el blog de Alberto Grados ¿Cuántas herramientas digitales debe conocer un docente?

Alberto Grados
Magister en Tecnología Educativa por el Tecnológico de Monterrey.
Miembro del directorio de expertos de Google: Google Certified Trainer & Google Certified Innovator #MEX16 Profesor especialista en el uso pedagógico de la tecnología digital, metodologías activas y ciudadanía digital en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

